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domingo, 24 de septiembre de 2017

Leonel Sanchez


“Cuando el Bulla sale a la cancha/se levanta el clamor popular/el estadio se pone de pie/y la hinchada comienza a cantar/ recordando al glorioso Ballet/que Leonel lo hiciera inmortal/enfrentemos primero a la muerte/traicionar a la hinchada jamás”. 

El verso en homenaje a leonel Sánchez (1936) está lejos de ser gratuito. El nombre del zurdo está impreso a fuego en la historia del Club Universidad de Chile; es uno de sus mayores símbolos, el emblema de la época más fecunda de la institución y donde comenzó a construirse definitivamente la identidad y protagonismo que tiene en el fútbol nacional. No solo fue jugador e ídolo, también fue entrenador y funcionario, le tocó vivir el trauma del descenso y colocó de su parte, como ayudante técnico de luis ibarra, en la campaña del ascenso. leonel Sánchez es la historia de la “U”. 



la palabra es suya: “Mi papá era boxeador y paramédico de Badminton, así entré al fútbol. Estudiaba en la escuela Federico Errázuriz, en Vicuña Mackenna con Matta, y de ahí nos llevaban los sábados a jugar fútbol a las canchas de atrás del Estadio Nacional, donde nos recibía luis Tirado, un hombre estupendo que me conocía de mi colegio, porque era profesor ahí. Yo tenía 11 años. En una de esas ocasiones escuché que los profesores hablaban de mí, de que tenía una buena pegada con la zurda, potente, que había que tenerme en cuenta. al poco tiempo, me preguntaron si me gustaría jugar en la Chile. Sí, pero tengo que preguntarle a mis papás, contesté. Pregúntales, me dijeron. llegué a mi casa y les conté que mi profesor Tirado me propuso entrenar en la ‘U’. Mi papá me consultó si acaso yo quería jugar. No sé –le respondí–, ustedes me tienen que decir. 


 Mi papá insistió. Sí, quiero. Entonces, me dijo que preguntara qué debía hacer. lo primero fue ir a la sede de la ‘U’, allá en la piscina de recoleta, con una tarjeta de luis Tirado, a hablar con la visitadora social Fresia rubilar. Ella después apareció por mi casa. ahí conversó con mi familia, se enteró de cómo vivíamos y antes de irse nos dijo que fuéramos el lunes a la sede para que me inscribieran. a los pocos días me entero que hay un problema, porque tenía 11 años y la edad mínima era de 12. No sé qué pasó, pero después fui a la sede de la asociación en calle Ersamo Escala y me inscribieron finalmente. Nadie dijo nada. Y así empecé a entrenar en la semana.  De los que forma mos el ‘Ballet azul’, fui el primero en llegar. En la juvenil con luis Álamos formamos un buen equipo y salimos campeones invictos”. 

¿La clave del éxito del “Ballet Azul” estuvo en la compenetración de ese grupo, que se armó desde abajo? Creo que sí. Porque después de lo que hicimos, los demás equipos empezaron a preocuparse más de nuestro trabajo. Hasta se llegó a decir que la “U” era grande por sus pequeños. Éramos muy amigos. 


¿Cómo recuerda su debut? Estaba entrenando con la juvenil y me llegan a buscar. Me dicen que el entrenador me quiere para jugar contra Everton. Me decían “parece que vas a jugar”, pero nadie podía garantizar nada. Me llevaron hasta Providencia, donde estaba entrenando el primer equipo en ese momento. llego allá y me dice, “chico, tú juegas”. 

¿Se acuerda cómo anduvo? Sé que entré de wing izquierdo y que no estaba nervioso, porque a mí me gustaba jugar. la única instrucción que me dieron fue que jugara tal como lo hacía en las inferiores. Pienso que lo hice bien, porque después empecé a entrenar con el plantel adulto. 

¿Le hicieron contrato al tiro? Fuimos de a poco. Cuando le conté a mi mamá que pasaba al primer equipo, ella me preguntó que si creía que me darían una casa si la pidiera como parte del contrato. “Consulta por si acaso”, me dijo. En el club me contestaron que ningún problema. De ahí no salí más del equipo. además, a los 18 años, don luis Tirado me llama a la selección adulta, para un amistoso contra Brasil. Todo fue muy rápido. 


¿En qué momento del campeonato de 1959 el equipo se convence que puede lograr el título? Jugábamos bien al fútbol, nos conocíamos, nos retábamos entre todos. Siempre 
tuvimos mucha confianza en nuestros medios y también en luis Álamos, un técnico muy tranquilo, que no se ponía nervioso, que cuando estábamos perdiendo sabía qué hacer para dar vuelta el marcador. Éramos un gran equipo, que trataba muy bien la pelota. Practicábamos mucho nuestras jugadas. Por ejemplo, siempre estábamos entrenando los tiros de esquina y los centros de los costados para Carlos Campos, y así era cómo nos salían después en los partidos. Siempre tuvimos confianza que podíamos ser campeones. 

De todos los títulos que alcanzó con la “U”, ¿cuál fue el más importante para usted? El de 1959, porque fui scorer del campeonato, con 22 goles. 




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