
El “Ballet azul” no nació de la noche a la mañana. Como casi todo en el fútbol, fue fruto de un largo proceso, que comenzó en el primer lustro de la década de los 50, cuando los resultados no eran los mejores. la “U” decidió apostar por las divisiones menores, dotándolas del trabajo integral más completo conocido hasta entonces en el país.
los versos finales del poema de Marcos rafael Blanco Belmonte parecen haber guiado a los dirigentes de la “U”, para cambiar el errático rumbo que el club pareció tomar tras el título de 1940. Y esa inspiración alumbró el camino para las enmiendas. los primeros guiños de esa revitalización se dieron en la temporada de 1953, que marcará a fuego a la institución. No solo por el debut del gran leonel o su primer gol. Junto a esos hitos deportivos, en la casa de estudios se generaban movimientos relevantes que terminarían redundando rápida y positivamente en el club.

Replicando la tendencia global, en Chile el Estado se vuelve cada vez más presente y activo en los asuntos sociales, interviniendo en todos los ámbitos. Y el deporte no estaría ajeno a ello. Fue también en 1953 cuando la Universidad de Chile elige como nuevo rector al profesor Juan gómez Millas, quien estaría en el cargo por una década, período que resultaría clave en el desarrollo deportivo de la Casa de Bello y también en el campo del fútbol profesional. El pedagogo, político y ministro de Educación en los gobiernos de Carlos ibáñez del Campo y Eduardo Frei Montalva, promovió fuertemente la apertura de sedes regionales de la universidad, ayudando así a la generación de nuevos talentos que surtirían al club en sus diferentes ramas, y a sumar adeptos identificados con la camiseta. El plan consistía en generar profesionales de excelencia e integrales, razón por la que las filiales provinciales eran permanentes abastecedores de deportistas. El mismo proceso potenció a la “U” dentro y fuera de las canchas. El programa de gómez Millas fue exitoso desde el principio, impulsado por personalidades de la talla de César Martínez y el doctor Víctor Sierra, y llevado adelante por nombres tan importantes como el de luis Tirado, Hernán Carrasco y luis Álamos.

Los antecedentes descritos, sumados a los nuevos Estatutos y reglamentos del Club Deportivo Universidad de Chile, promulgados en 1953 bajo la presidencia de Eugenio Velasco, se convertían en una auténtica biblia, pieza clave en el despegue del deporte universitario. los estatutos constaban de siete títulos y 48 artículos, mientras el reglamento exhibía otros 248 artículos. En ellos se establecía un vínculo íntimo con la Universidad de Chile, generando un sólido sustento institucional, además de configurar claramente el control y dependencia del balompié profesional de la “U” respecto de la casa de estudios. Una de las claves para el crecimiento del equipo de fútbol fue que las nuevas disposiciones hacían que quienes se integraban a la
casa de estudios pasaban, necesariamente, a integrarse al club. Fue así como llegarían a vestirse de azul jugadores importantes, que terminarían convirtiéndose en parte fundamental de la historia de la “U”. la relevancia que tuvieron estos documentos queda de manifiesto en que permanecieron vigentes hasta poco después del golpe de Estado, cuando el gobierno militar determinó que la relación entre ambas instituciones debía modificarse.

Conjugándose factores, la “U” realizaba un fuerte cambio. generarlo significaba olvidarse de éxitos deportivos inmediatos. la idea era sembrar, siempre sembrar, para que la cosecha fuera generosa. Pero requería de paciencia de los hinchas, porque no todo sería ganar, menos en los torneos siguientes. aun así, los simpatizantes del “Chuncho” supieron aguardar. Y no solo eso: seguían multiplicándose y profiriendo amor incondicional.
la política impuesta en el club tuvo en el doctor Víctor Sierra a una pieza clave. Encabezando la rama de Cadetes, la primera parte de la década de 1950 llevó su impronta. Siguiendo el paradigma de formar personas integrales, no simplemente futbolistas, implementó un trabajo multidisciplinario en las series inferiores, incorporando una asistente social, dos médicos, un dentista y varios profesores, para apoyar el crecimiento de los niños y adolescentes que, sistemáticamente, soñaban con formar parte de una institución que crecía orgánicamente. Mientras el primer equipo transitaba por una montaña rusa de resultados, los juveniles y la Cuarta Especial se consolidaban como los mejores.

Sierra y su equipo de trabajo no despreocupaban detalles: veraneaban con casi un centenar de jóvenes cada año, en una colonia estival que duraba tres semanas y en la que los docentes ayudaban a reforzar las materias que tenían más débiles. Y, durante el año, la visitadora social Fresia rubilar mantenía el ojo atento sobre el entorno de los chicos, y los maestros gastón Kroff y rené Bravo apoyaban los aspectos académicos. Como si eso fuera poco, eran frecuentes las asistencias al cine y al teatro, cultivando así el intelecto de los futuros cracks. En el libro “El Ballet azul”, el periodista luis Urrutia resume en una frase el pensamiento del doctor Sierra: “Si uno forma campeones, es posible que no resulten hombres buenos; pero si se forman hombres buenos, es casi seguro que resultarán campeones”. Por eso, las irregulares campañas del plantel de honor tenían sin cuidado al hombre que, pronto, llegaría a la cabeza del club. Mientras se realizaba todo ese trabajo formativo fuera de la cancha, en el terreno de juego luis Álamos y Hernán Carrasco se esmeraban por generar deportistas aptos para vestir la camiseta azul. En ese contexto, leonel Sánchez era el primer botón de muestra de lo que se fraguaba en las inferiores de la “U”. Pronto empezarían a asomar más frutos de la constante siembra.
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